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Cuando pensamos en inteligencia artificial solemos imaginar dos caminos muy claros: pagar una suscripción mensual a un gran chatbot en la nube o montar un ordenador potente capaz de ejecutar modelos locales, con todas sus limitaciones. Esa es la foto mental que tenemos muchos. Sin embargo, lo que está ocurriendo estos días con Raspberry Pi nos obliga a matizar esa idea. Según Reuters, sus acciones han registrado una subida reciente de hasta el 43% en paralelo al interés por OpenClaw, un agente de IA que no exige un equipo carísimo para ponerse en marcha. Y ahí es donde empieza lo realmente interesante.